Wednesday, June 22, 2022

KARMA HISTÓRICO EN ECUADOR


 

Al karma lo podemos definir como las consecuencias directas de los actos, el karma histórico como las consecuencias históricas de las decisiones colectivas. Así como las decisiones de los individuos tienen su repercusión en su vida, las decisiones que toman los pueblos se ven reflejadas directamente en la vida social. Ningún pensamiento, acto y elección pasa desapercibido.

América Latina ha sido históricamente colonia de las grandes potencias, los europeos masacraron y conquistaron a la fuerza a poblaciones enteras para imponer su modelo de vida y civilización. Sin embargo, culturalmente, los pueblos aborígenes han mantenido sus formas de vida y han resistido contra el colonialismo cultural, los pueblos indígenas de América Latina han sido objeto de genocidio justamente para borrar las formas de vida que se oponen a la imposición de un homogéneo modelo social. De allí la exclusión, marginación, segregación de formas de vida de los pueblos indígenas que no cuadran con el modelo imperante.

Históricamente en el Ecuador, los pueblos indígenas fueron sometidos y esclavizados en formas institucionales de trabajo forzoso que a punta de látigo los europeos mantuvieron sobre los pueblos aborígenes. El concertaje, la encomienda, el porteo, la mita, el obraje, fueron instituciones coloniales de trabajo forzoso que explotaban la energía del trabajo del pueblo indígena hasta la extenuación. Como vampiros succionadores de sangre, los colonizadores explotaron hasta la última gota de trabajo de la mano de los pueblos originarios para montar lo que llamamos “civilización occidental”.

Mujeres, niños, jóvenes, ancianos fueron masacrados y sometidos durante siglos por las fuerzas irracionales de la colonización, quienes montaron estructuras económico-políticas racistas, clasistas, degradantes, por las que los herederos del pueblo indígena se convierten en simple servidumbre de los herederos de colonizadores. Cinco siglos igual. El orden económico postcolonial se forma así con farsantes independencias y ficticias democracias republicanas, en la que las mismas oligarquías toman el poder y mantienen la servidumbre camuflada en supuestas manumisiones de los esclavos y farsantes instituciones filantrópicas republicanas que imaginariamente defienden a los pueblos originarios, en realidad pretenden mantener la histórica explotación.

El profundamente racista orden social ha determinado que las clases pudientes elitistas, así como la clase media-alta, sean mayoritariamente descendientes de los europeos, mientras que mestizos, indígenas, afrodescendientes formen parte de las clases populares que constituyen la servidumbre de las clases acaudaladas. La injusticia inherente en el orden social genera una inevitable resistencia, y mientras más desvergonzada es, más frágil y vulnerable es todo el tejido social. El clasismo racial, tan incrustado en el Ecuador, es hoy una olla de presión a punto de estallar. La injusta explotación y la servidumbre está llegando a la masa crítica, que se ve reflejada en el profundo descontento de la gente. Los levantamientos populares no son solamente un reclamo por el precio de la gasolina, hay un malestar generalizado frente a las injusticias sociales que generan inevitablemente resistencia. Si a la mayoría de la ruralidad no tiene una vida digna, no esperen en la urbanidad paz social.   

Si los campesinos indígenas, montubios y mestizos son los que ponen la comida en la mesa de todo un país, es justo que sean bien remunerados, y que el precio de sus productos cueste el duro trabajo que realiza en la tierra. No es justo que los intermediarios ganen más que los productores, y no es justo que los campesinos sean la servidumbre de los oligarcas terratenientes que en el siglo pasado succionaban la servidumbre campesina como vampiros usureros.

La dignidad de los pueblos no se negocia, la gente está tomando consciencia de su propio valor como personas con un destino histórico, las injusticias sociales son leña al fuego así como los oídos sordos y la represión gubernamental. No se debe esperar paz social si tenemos un salario mínimo de 425 dólares y una canasta básica de 700, no se puede vivir así, un gran terremoto social es inexorable si el costo de la vida se dispara al aire y el salario mínimo se congela. ¿Cómo esperan paz social si la servidumbre impuesta a los pueblos originarios se ha mantenido así durante cientos de años?  Es ilusorio creer que con dádivas gubernamentales se podrá detener el levantamiento de los pueblos contra el orden social injusto.

El karma histórico social es inevitable, la insurrección de los pueblos está aquí, es una realidad, y es por la injusticia acumulada durante siglos, esto no ha pasado de la noche a la mañana. Este orden ha sido levantado sobre los cadáveres de la explotación y de la injusticia, y ha sido mantenido con la servidumbre obligatoria. Si el tejido social está descompuesto por la barbarie del racismo clasista, el levantamiento popular se convierte en deber moral, que exige con justa razón mejores condiciones de vida y sobre todo un mayor respeto por la dignidad humana.